Apoyo Psicológico
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Síndrome de Peter Pan


 


El Síndrome de Peter Pan se caracteriza por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos, sociales y por el acompañamiento de problemas sexuales.

La personalidad masculina es inmadura y narcisista.

El sujeto crece, pero la representación internalizada de su yo es el paradigma de su infancia que se mantiene a lo largo del tiempo.

Parecería que este síndrome afecta más a los chicos que a las chicas. A menudo se cita al hijo mayor de una familia cuyo padre está ausente, poco presente o se muestra irresponsable.

Los adultos continúan comportándose como niños o adolescentes y no son capaces de tomar la responsabilidad de sus actos.

Serían personas que se niegan a crecer presentando una marcada inmadurez emocional matizada por una fuerte inseguridad y un gran temor a no ser queridos y aceptados.

El nombre proviene del conocido personaje de la literatura infantil creado por James Matews Barrie. No obstante, la primera vez que se relacionó el nombre de Peter Pan con un problema emocional fue en el año 1966, cuando el psiquiatra Eric Berne lo utilizó para indicar al niño que todo adulto lleva dentro y que sólo se preocupa por satisfacer sus propias necesidades.

El psicólogo Dan Kiley fue el responsable de acuñar y popularizar lo que hoy se conoce como "Síndrome de Peter Pan" aunque en España (en el lenguaje coloquial), también se les conoce como adulto-adolescentes.

El término síndrome de Peter Pan ha sido aceptado en la psicología popular desde la publicación de un libro en 1983 titulado The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up («El síndrome de Peter Pan, la persona que nunca crece»), escrito por el Dr. Dan Kiley.

No existe evidencia que muestre que el síndrome de Peter Pan sea una enfermedad psicológica existente y, actualmente, no se encuentra listada en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV).

Según Kiley, las características de un "Peter-Pan" incluyen algunos rasgos de irresponsabilidad, rebeldía, cólera, narcisismo, arrogancia, dependencia, negación del envejecimiento, manipulación y la creencia de que está más allá de las leyes de la sociedad y de las normas por ella establecidas.

Todo ello, sería una coraza defensiva para protegerse de su inseguridad, miedo a no ser queridos y aceptados.

En ocasiones, las personas que padecen este síndrome acaban siendo personajes solitarios, con escasa capacidad de empatía o de apertura al mundo de los "grandes", al no abrirse sentimentalmente, son vividos como individuos fríos o no predispuestos a darse, lo que vuelve como un "boomerang" a través de la no recepción de entregas o muestras ajenas de cariño.

Algunos profesionales los han denominado esquizo - afectivos.

También se dice que este padecimiento se da por no haber vivido una infancia normal, por haber trabajado desde edades demasiado tempranas o por otros motivos.

Según el psicólogo clínico Antonio Bolinches estos sujetos tienden a:

- Idealizar la juventud, para negar la madurez, ya que, se sienten seducidos por la juventud.

- Marcado miedo a la soledad.

- Se muestran inseguros y con baja autoestima.

- Su egocentrismo les hace que se centren en recibir, pedir y criticar pero no se molesta en dar o hacer. Esto hace que vivan centrados en sí mismo y en sus problemáticas sin preocuparse demasiado por lo que le sucede a las personas a su alrededor.

- Son irresponsables.

- Consideran que el compromiso es un obstáculo para su libertad.

- Tienen baja tolerancia a la frustración por lo que se sienten permanentemente insatisfechos con lo que tienen, pero no toman iniciativas para intentar solucionar su situación. En palabras sencillas diríamos que es una persona que lo quiere todo pero no desea esforzarse para lograrlo, no enfrentan sus problemas ni toman la iniciativa, ni se esfuerzan en ello.

- No adopta la responsabilidad por sus actos mientras que los otros deben hacerlo por él.

Además Bolinches advierte del refugio adictivo hedonista que supone internet para este tipo de personas.

La vía más certera para ayudarles a crecer es permitirles que enfrenten su realidad y asuman las consecuencias de sus comportamientos y decisiones.

Ante sus quejas y lamentos debe motivárseles a que tomen iniciativas proactivas para cambiar la situación y no asumir en su lugar la responsabilidad por el cambio.

Sin lugar a dudas, todos tenemos un pequeño Peter Pan dentro y pretender erradicarlo totalmente sería algo bastante demencial; pero éste lado infantil no puede impedirnos crecer, asumir la responsabilidad por nuestras decisiones y continuar el camino hacia la adultez.

 
 
Publicado en apoyo psicológico por: Gemma Asarbai el 07-10-2012 archivado en Síndromes

 
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