Publicado en apoyo psicológico por: Gemma Asarbai el 30-01-2012 archivado en Definiciones y Conceptos

 
 
Factores de Riesgo del Alcoholismo

 


El alcoholismo es una enfermedad que consiste en padecer una necesidad excesiva de ingerir alcohol etílico, de forma que, existe una dependencia física del mismo, manifestada a través de determinados síntomas de abstinencia cuando no es posible su ingesta.

El alcohólico no tiene control sobre los límites de su consumo y suele ir elevando, a lo largo del tiempo, su grado de tolerancia al alcohol

No existe una causa clara de por qué algunas personas desarrollan adicción al alcohol, lo que sí se sabe, es que este problema va en aumento, sobre todo, en los jóvenes y con mucho énfasis en las mujeres.



Factores que aumentan la probabilidad:


- Pertenecer a una familia en la que el consumo de alcohol es permitido, bien visto y promovido.

- Convivir o tener familiares o amigos alcohólicos.

- No orientar y vigilar, adecuadamente, a los adolescentes, desconociendo a sus amigos o permitiendo el consumo de alcohol en sus reuniones.

- Tener accesibilidad a bebidas alcohólicas, cuando hay una cierta inclinación hacia su consumo.

- No saber solucionar o enfrentar a los problemas de forma adecuada y refugiarse en el alcohol como válvula de escape de la ansiedad, tristeza, depresión, decepciones o conflictos en las relaciones personales.

- La baja autoestima promueva el consumo de alcohol, como medio para cambiar la personalidad, para agradar a los demás o para desinhibirse ante alguien o algo.

- Los mitos relacionados con el “machismo”, el poder, la simpatía, la desinhibición, la sexualidad, la fuerza, la aceptación social y otros.

- Los retos de los amigos o familiares, sobre todo, durante la adolescencia.

En cuanto a la personalidad, hay factores que también aumentan la probabilidad de tener problemas con la bebida, como pueden ser:

- Responder a las bebidas alcohólicas de forma que sienten relajación, alivio, euforia, alegría o desinhibición.

- Ciertas características que les impide enfrentar con éxito los estados depresivos, la ansiedad o la depresión.

- Pertenecer a culturas que fomentan el alcoholismo. Por ejemplo, en nuestra cultura esta bien visto el alcohol, ya que, cualquier acontecimiento importante o fechas señaladas (bodas, cumpleaños, nacimientos...), se celebran con el consumo del mismo. Esto no es un problema, siempre y cuando, el consumo sea moderado y responsable.


Con respecto a los factores sociales, se encuentran los siguientes:

- Facilidad de su adquisición y consumo.

- Promoción y aceptación social de su consumo.

- Estilos de vida.

- Estrés.

De entre todos los factores comentados con anterioridad, se podría decir que los que más determinan el consumo de alcohol son los siguientes:

- Herencia: las personas que han vivido con un familiar alcohólico tienen más probabilidades de desarrollar esta adicción, pero, la presencia de ciertos genes aumentará la predisposición de desarrollar conductas adictivas.

- Factores Psicológicos: las emociones negativas (ansiedad, tristeza, soledad, baja autoestima, ira...), se puede encontrar en el origen y mantenimiento de la conducta de beber, ya que el paciente consume alcohol para huir de ellas, proporcionándoles sensaciones placenteras que debería conseguir realizando actividades de su agrado.

Como ya se ha comentado, en el otro extremo están aquellas personas que emplean el alcohol para acompañar las emociones positivas. La tolerancia social ante el consumo excesivo de alcohol en estas situaciones refuerza estos comportamientos inadecuados y, a la larga, el bebedor ocasional se puede convertir en alcohólico.

- Relaciones sociales: las malas relaciones con la pareja o la familia, los problemas económicos, la presión de los amigos, etc. pueden actuar como precipitantes o mantenedores de la dependencia alcohólica. En este sentido, algunas personas también comienzan su patrón de consumo para superar los problemas que tienen al relacionarse con los demás, como la timidez o la falta de habilidades sociales, así como, para enfrentarse a alguien a quien no saben cómo expresar algo que les molesta.

Para poder tratar los problemas de alcoholismo, hay que tener en cuenta que, las causas por las que se comienza a consumir alcohol, no son las mismas por las que mantenemos la conducta; es decir, en muchas ocasiones se comienza a beber por el simple hecho de pasarlo bien, pero, con el paso del tiempo, la conducta de beber, se ve reforzada y se convierte en hábito. Por tanto, el hecho inicial por el que se comenzó a beber (por ejemplo, pasarlo bien) no es el mismo motivo por el que se mantiene la conducta (por ejemplo: evadirse de la realidad, olvidar los problemas familiares, económicos...).

 
 
 
 
 
 
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