Publicado en apoyo psicológico por: Gemma Asarbai el 25-09-2012 archivado en Definiciones y Conceptos

 
 
¿Afectan los videojuegos en la agresividad de los jóvenes?

 


Según algunos estudios sobre la violencia y los videojuegos apoyan la conclusión que los videojuegos violentos pueden incrementar el comportamiento agresivo en los niños y adolescentes , especialmente en los chicos, puesto que son los principales consumidores de este tipo de videojuegos, ya que es más socialmente aceptable que los chicos usen videojuegos.

Los videojuegos establecen un mal ejemplo y pueden ser, particularmente, influyentes, porque un jugador toma el papel de héroes, villanos, violentos, etc.

Exponerse cotidianamente a estas imágenes violentas puede desencadenar, a la largo plazo, una violencia más intensa. Todo ello puede ayudar a que el adolescente crea que a través de la violencia se pueden resolver los conflictos cotidianos.

Algunos consejos para padres sobre el uso de
videojuegos, pueden ser:



Ante todo, el videojuego debe ser supervisado, tanto el tipo de juego, como las horas dedicadas a dicha actividad.

- Se debe jugar con el niño o adolescente, para comprobar el contenido del mismo.

- Una vez comprobado el videojuego, establecer horarios para jugar.

- Promover otras actividades para suplir las horas de juego (jugar fútbol, béisbol, irse a convivir como familia, irse de día de campo, juntarse con otras familias para jugar y convivir..). Estas actividades deben ser constructivas y educativas.

- Se recomienda utilizar el videojuego
como premio o recompensa, cuando el niño cumpla con sus responsabilidades.

- Se aconseja contar con la ayuda de un
profesional si el comportamiento del niño no mejora.

Además del efecto perjudicial de los videojuegos para la agresividad, también puede generar adicción.

Probablemente se haya hablado de adicción para referirse al efecto motivador de estos juegos, a la sensación que lo invita a seguir jugando cuando ha terminado una partida; podemos hablar de adicción cuando:

- El jugador parece estar absorto al jugar, sin atender cuando lo solicitan.

- Siente demasiada tensión e incluso aprieta las mandíbulas cuando juega.

- No aparta la vista de la televisión o pantalla.

- Empieza a perder interés por otras actividades que antes practicaba.

- Trastornos del sueño.

- Mayor distanciamiento de la familia y amigos.

- Problemas con los estudios.

- No respeta los horarios estipulados.


 
 
 
 
 
 
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